No diré aquello de "A Dios pongo por testigo..." porque sé que en cuanto me dicen ven lo dejo todo, es más, a veces no necesito ni que me digan ven.
viernes, 22 de febrero de 2013
Desde abajo de la montaña rusa.
Y hoy, de repente, mi corazón hizo crack y se rompió. Como siempre ocurre. Como un jarrón chino azul y blanco que sólo es rozado. Al suelo y en cientos de pedazos. Estaba acostumbrado a echar de menos momentos que ni siquiera habían sido pensados. Me aferré a la mina del portaminas del bazar, y ahora tengo las manos llenas de grafito (y eso que era del 0'7). Ahora toca arreglar todo este desperdicio: frotar y frotar para que no quede rastro y recomponer poco a poco mi maquinaria de querer; querer personas, querer momentos, querer situaciones. No preocupaos, a esto también estoy acostumbrado, se me dan muy bien los puzzles.
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