Píntate. Píntate la cara
completamente. El mundo está lleno gilipollas. Sé uno más.
Empieza con un poco de azul para
parecer moderno y superficial, la gente que se preocupa demasiado no le gusta a
nadie. Coge el rojo, ¡que se note que eres divertido! Unos buenos rayones bien enérgicos.
Ahora naranja para toda la gente que finges que te cae bien y rosa para el
cariño simulado. Toma el verde para las cosas que haces sin que te apetezca.
Negro para la música que supuestamente te gusta. Y amarillo por la ropa que te
pones solo por encajar. ¿Para qué ser tú mismo pudiendo ser alguien mejor? Combina
bien la proporción de colores y repite la operación a diario, no vaya a ser que
alguien se dé cuenta de que es solo una fachada.
Deja que la mentira crezca y te
de forma. Piérdete en ti mismo. Rezaremos tres Ave Marías en el entierro de tu
personalidad, pero nadie llorará la perdida. Como mucho tú los días que notes
que tu farsa no se sostiene más, esos en los que pienses que tras tantas capas
de pintura, al final solo queda un cascarón hueco. Una crisálida de la que saldrá
alguien a quien detestas. Alguien que ni si quiera recuerda el camino a casa. Pero
les agradaras a todos. O puede que no. A mí me seguirás pareciendo un
payaso.

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