martes, 8 de febrero de 2011

Las cosas que nunca decimos.

Esas cosas que nunca dices, ¿a dónde van a parar?
¿Dónde las estás guardando?
Se acumulan y hacen una pelota inmensa que un día me tiras. Yo no soy capaz de cogerla, y me da en la cara. Todas y cada una de las cosas que nunca dices. Las mías van al mar de las cosas que nunca digo y alimentan a los peces que nunca existen, pero no hacen daño a la gente.
Las cosas que nunca decimos se rellenan con los ojos que siempre tuvimos y miran incesantes. Los ojos que siempre tuve, miran cosas que nunca quise ver y hacen una pelota inmensa que un día te tiro. No eres capaz de cogerla, y te da en la cara. Todas y cada una de las cosas que nunca quise mirar. Los ojos que siempre tuviste miran inocentes a los peces que nunca existieron de mi mar de las cosas que nunca digo, pero no hacen daño a la gente.
Las cosas que siempre decimos se fueron gastando y tus silencios y mis ojos hicieron el resto. Hicieron el daño.

1 comentario:

  1. No deberíamos callarnos las palabras. Las palabras ocupan un espacio en nuestro interior, y además son termitas para todo lo que ya teníamos dentro.
    Las cosas deben decirse, o no pensarse, u olvidarse, pero nunca callarse. Aún así, todos lo hacemos, y eso que nunca decimos nos pisa el alma, la felicidad, la certeza de que somos lo que queremos ser y estamos donde debemos estar.

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