La fuerza de estos frascos es mucho más sutil que toda la parafernalia televisiva de top models, juventud y cuerpos diez. El poder, por contra, radica en las personas y su capacidad para formar reflejos condicionados. Sinestesias olorosas. Una sonrisa, el verano de 2002, el recuerdo de tu cuello... Esa es la verdadera esencia, el perfume real. Chanel o colonia del Mercadona, sándalo o bambú, no importa. El olor me trae a ti, no necesito ningún Jon que te suplante, no quiero que intentes ser una Charlize siquiera.
Somos mucho más complejos que un anuncio de televisión, y no nos damos cuenta. La próxima vez que vayas a elegir perfume escoge antes a la persona que va a olerlo, seguro que aciertas.
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