
Nadie es lo que parece ser. La vida es una fiesta disfraces en la que nos disfrazamos unos de otros. Los lobos llevan piel de cordero. Y los corderos se visten de zorros. Si quieres una puta, no busques una puta. Detrás de una puta probablemente solo haya una pobre niña vestida de fuerte. Una niña asustada. Alguien que quiere llamar la atención. Alguien que tiene miedo de que le hagan daño. Las verdaderas putas se disfrazan de otras cosas. Se pegan pegatinas de principios. Como los pederastas se disfrazan de sacerdote. O los travestis de padres de familia.
Algunos casi se olvidan de sus disfraces. Fuerzan sus vestiduras y acaban rasgándolas porque no dan para más. Mueven los límites acercándolos cada vez más hacia el pecado. Pero cambian las reglas para seguir en la santidad. Como los que creen que si lo hacen sin dar besos siguen sin ser gays.
¿Crees que no te vemos, lobito? ¿Que no te escuchamos cuando te cuelas en el gallinero? ¿Que no sabemos que te pones los tacones y te vistes de folklórica? ¿Y que llamas a los niños sin que lo sepan sus mamás? La verdad supura y gotea dejando manchurrones negros en el suelo. Y por muchos remiendos que te pongas ya hemos contemplado tus dientes.
Pero preferimos callarnos. Y seguir cantando con los ojos cerrados. Y seguir imaginando hadas en los demonios. Porque la verdad atormenta a todos los que la conocen. Corta como cristal, quema como ácido y duele, a latigazos. ¿La frase más bonita que me han dicho? Quién soy yo para juzgarte. De algún modo, yo también tendré por dónde callar.
Algunos casi se olvidan de sus disfraces. Fuerzan sus vestiduras y acaban rasgándolas porque no dan para más. Mueven los límites acercándolos cada vez más hacia el pecado. Pero cambian las reglas para seguir en la santidad. Como los que creen que si lo hacen sin dar besos siguen sin ser gays.
¿Crees que no te vemos, lobito? ¿Que no te escuchamos cuando te cuelas en el gallinero? ¿Que no sabemos que te pones los tacones y te vistes de folklórica? ¿Y que llamas a los niños sin que lo sepan sus mamás? La verdad supura y gotea dejando manchurrones negros en el suelo. Y por muchos remiendos que te pongas ya hemos contemplado tus dientes.
Pero preferimos callarnos. Y seguir cantando con los ojos cerrados. Y seguir imaginando hadas en los demonios. Porque la verdad atormenta a todos los que la conocen. Corta como cristal, quema como ácido y duele, a latigazos. ¿La frase más bonita que me han dicho? Quién soy yo para juzgarte. De algún modo, yo también tendré por dónde callar.
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