miércoles, 24 de agosto de 2011

Vegetal

No puedo pararlo si la cama huele a ti. Si entre cada espacio que dejan las fibras de la tela se cuela una gota de tu ser. O si es mentira, pero aun así lo huelo, te huelo.
Y crece, crece, crece y llega a la garganta seca y explota subiendo como un géiser a la cabeza irrumpiendo tu todo en las conexiones neuronales, colapsándolas.
Y ni te veo.
Ni te oigo.
Ni te toco.
Ni te pruebo.
Ni te huelo.

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